Carlos Bonifacio, "El Hermano"  que asegura que el Todopoderoso lo sacó del abismo luego de pasar por varios penales

Su testimonio es una muestra de que en la vida se puede cambiar, asegura, y piensa que con el poder del "Supremo" las personas, por más problemas y dificultades que tengan, pueden pasar del sufrimiento a la felicidad. Este es su testimonio.

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Foto: LPG/ Jorge Carbajal

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Su nombre es Carlos Humberto Agustín Bonifacio, tiene 43 años y vende dulces, chicles, agua, sodas, hidratantes, así como cargadores para teléfono y otros artículos de segunda mano. 

Hasta ahí, todo parece cotidiano, habitual. Sin embargo, Carlos Humberto dice que está en ese lugar por misericordia de Dios, y porque el Todopoderoso lo sacó de las calles, del mal vivir, del mal camino, de los vicios y hasta de la cárcel. 

"El Hermano", como le dicen algunos amigos y conocidos, vende en la esquina de la 1a. Calle Oriente y la 10a. Avenida Norte, opuesta al mercado ExCuartel, de San Salvador. Él no tiene problemas en hablar de su pasado, ni de su presente. A su criterio, el cambio en su vida sirve de testimonio vivo del poder transformador de la fe. Vagancia, malas amistades, drogas, alcohol fueron su diario vivir en el pasado, pero ahora se congrega en una iglesia cristiana, predica y asiste a las campañas que lo invitan, donde sea, en cualquier ciudad, colonia o cantón del país.

Carlos Humberto se distingue de otros vendedores informales, ya que siempre viste de camisa manga larga y de corbata. Bañado, rasurado y sentado en un banco, aprovecha cada instante en que no tiene un cliente para leer su Biblia. Al parecer, las personas le tienen confianza y  tiene muchos amigos. Antes de vender en la acera, trabajaba en la peletería que se ubicaba precisamente donde hoy instala a diario su puesto de dulces, sodas, chicles y otros artículos.

Foto: LPG/ Jorge Carbajal

"Antes trabajé aquí, pero cerraron y después de la pandemia ya no abrieron", explica. En ese negocio era el encargado de recibir mercadería y de despachar los pedidos; dice que manejaba las llaves de todo el lugar, una especie de administrador, explica. "No sé qué pasó, pero cerraron, y por eso me puse aquí a vender", agregó. Dice que para él, de alguna manera, es mejor, ya que es su propio jefe. "Hoy estoy aquí y si tengo que ir a alguna campaña o a predicar, guardo (la mercadería) y me voy; mientras que cuando uno tiene jefes no puede hacer eso, tiene que cumplir con un horario y obedecer", amplió. 

Su vida, según él, le cambió de la noche a la mañana, en 1996. Tenía algunos meses de haber salido del Penal de Mariona, cuando, Dimas Flores, una persona cristiana, lo invitó a la iglesia Cristo Te llama, pastoreada por el predicador Daniel Quintanilla. 

"Recuerdo que tenía algunos meses de haber salido de Mariona, salí como en agosto, y el año siguiente ocurrió una gran masacre ahí adentro, pero gracias a Dios yo ya estaba afuera, hubo muchas muertes, y los diarios titularon que Mariona era como un infierno", Carlos Humberto Agustín Bonifacio, comerciante convertido al cristianismo.  

"Recuerdo que tenía algunos meses de haber salido de Mariona, salí como en agosto, y el año siguiente ocurrió una gran masacre ahí adentro, pero gracias a Dios yo ya estaba afuera, hubo muchas muertes, y los diarios titularon que Mariona era como un infierno", recordó. Fue la última de tres ocasiones que estuvo en centro penales de El Salvador, sin mencionar las ocasiones que estuvo detenido en bartolinas. "En las bartolinas nos mandaban a Ciudad Delgado, en penales estuve en Mariona, en La Unión, en San Vicente", recordó. 

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Si bien es originario de Huizúcar, La Libertad, llegó a San Salvador con toda su familia cuando aún era un niño. Con el paso de los años, conoció malas compañías y se fue a la calle con ellos. Fue así como probó el alcohol y drogas como marihuana, crack y cocaína, y dice que también las vendió. "Vendía y consumía, pero yo ya no quería andar en eso, no le sentía rumbo a la vida, y por eso seguía. Cuando estuve en el penal me drogaba y pensaba en que no quería seguir así, pero al salir, un milagro pasó en mi vida y todo cambió", dijo. 

El milagro no fue material, sino que ocurrió en su interior, en el cambio de vida. "Comencé a ir a la iglesia y Dios fue haciendo la obra, y con el tiempo el pastor Quintanilla me ordenó como diácono, y salía a hacer la obra a las calles, a predicar, y no trabajaba, tampoco tenía una salario, pero la gente me ayudaba, como que Dios los tocaba, me daban para alimentarme y nunca necesité nada", consideró. 

El cambio en su vida también alivió a su madre, que sufría al verlo por las calles con las malas amistades, con el alcohol y las drogas, y en las bartolinas o en los penales. Su mamá también es cristiana, igual que sus dos hermanos. "Mi hermano José Agustín se convirtió y vive con toda su familia en Estados Unidos; allá se congrega y también escribe y graba alabanzas para Dios, y mi hermana mayor es Delmy Rosario, también predica y anda trabajando en la obra de Dios. Mi otro hermano, Santos Agustín, él desapareció para la guerra, no supimos más de él, fuimos cuatro hermanos, pero solo quedamos tres", destacó. 

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Mientras habla, no paran de llegar las personas que quieren comprar agua, hidratantes, sodas, chicles, o algún repuesto para teléfono o para televisores, ya que también vende controles remotos para TV, DVDs y para otros aparatos electrónicos. Así se gana la vida Carlos Humberto, "El Hermano", o "Agu", como le dicen otras personas. Está casado, pero no tiene hijos, ya que, considera, en ese aspecto siempre fue responsable. 

"No podía andar dejando hijos abandonados, no tuve hijos, no es que no me salieran mujeres, pero tuve cuidado en eso, de no andar dejando hijos abandonados", dice. Hoy, a pesar de no tener un empleo formal ni ganar un buen salario, dice ser feliz, ya que Dios le cambió la vida y le permitió salir del vicios, la vagancias, de las malas compañías y hasta de las prisiones. 

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