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De soldado a fontanero y de fontanero a docente de educación media. Esta es la historia de José Antonio Amaya, exveterano de guerra de la Fuerza Armada

Su hermano gemelo también fue soldado. Ambos fueron reclutados en tiempos de la guerra en El Salvador, en 1980, y en su caso, al causar baja en 1987, comenzó a formar su nuevo modelo de vida, con una lesión de esquirla en la cabeza y un balazo en los dedos del pie izquierdo, que quedaron insensibles.

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Foto: Foto/ Jorge Carbajal

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Luego de la guerra, en la que fue soldado desde 1980 hasta 1987, José Antonio Amaya, hoy de 55 años, regresó a la vida civil y lo primero que hizo fue aprender el oficio de fontanería en un curso rápido. Eso le permitió dar clases de en algunos colegios de San Salvador sobre este oficio, y al tomarle el gusto a la enseñanza comenzó a estudiar de noche y los fines de semana un profesorado para Educación Media en una universidad privada de El Salvador, para después convertirse en docente de Estudios Sociales y de otras materias en el Centro Escolar María Luisa viuda de Morán, de San Ildefonso, San Vicente.

José Antonio es un hombre de piel morena y con poco cabello capilar, donde se le puede observar una cicatriz que es según él, "uno de los regalos" que le dejó su participación en la guerra civil de El Salvador en la década de los 80 y parte de la década de los 90, hasta que se firmaron los Acuerdos de Paz en 1992.

Hoy, como maestro, vive en San Ildefonso, donde es muy conocido y popular. Por donde va, se encuentra a sus actuales alumnos, y a exalumnos que han pasado por su aula en los últimos años. El educador, quien está casado y es padre de dos hijos, es el actual presidente de la Organización de Oficiales, Superiores, Subalternos, Tropa y Administrativos de la Fuerza Armada, mejor conocida como (AOSTALFAES).

Foto: Foto/ Jorge Carbajal

Según explicó, la organización tiene unos 10 mil miembros a nivel nacional, no cobran membresía, ni tienen un local u oficinas y también aceptan "algunos" miembros de la exguerrilla y civiles que fueron víctimas de la guerra en El Salvador.

"Fue una guerra que no tenía razón de ser. Yo era un joven, un niño, cuando me reclutaron, y en mi caso salí lesionado, con un pie dañado, y de la cabeza, una gran experiencia del conflicto. Las guerras se dan por inconformidades, fuimos a defender el territorio nacional, el Estado, creyendo tener la razón, pero los del FMLN también decían que ellos tenían la razón, peleamos entre campesinos peleando por intereses que no valían la pena, en un conflicto que dejó personas que perdieron sus manos, pies, vista y muchos hasta a sus familias", comentó el veteranos sobre la guerra en El Salvador.

La esquirla que le cayó en su mano le perforó el cráneo, le hizo perder parte de la vista y la movilidad hasta que luego de terapias encontró a una persona religiosa conocida por él como "Profeta Amós", que según dice, lo curó y levantó de la silla de ruedas en la que estaba postrado.

La primera lesión la sufrió luego de dos años y medio de estar en las filas del Ejército. Antes de la esquirla había recibido un balazo en dos dedos del pie izquierdo que le quedaron sin movimiento y sin sensibilidad. Esto sucedió mientras combatía con tropas de las Fuerzas Populares de Liberación (FLP). 

Cuando se fue de baja, recuerda que quería formar una familia, pero que antes tenía que concretar un nuevo modelo de vida, para sostenerse él en su nueva realidad, y para poder optar por una pareja y tener hijos. Es por ello que ya sin el salario del Ejército, y sin un programa de ayuda, comenzó a formar un nuevo esquema de vida. La finalización de la guerra civil en 1992, con los Acuerdos de Paz, fue para él una alegría.

"Me alegré ya que nunca pensé que hubiera tanta muerte y sangre en la guerra y me alegré ya que desde ese momento todos los salvadoreños se iban a poder movilizar en todo el país sin ningún peligro. Se cerró ese ciclo y había que seguir con otros ciclos", agregó. Según él, luego de los Acuerdo de Paz solo hubo ayuda para los oficiales y mandos, no para la tropa, que se fue a la calle a formar una nueva vida a como diera lugar.

"Mi lucha ahora es desde nuestra organización, no es nada político, solo buscamos colaborar con los exveteranos, para que tengan una pensión digna y que se les capacite, se les den tierras y los $3 mil dólares que por ley fueron aprobados y que no han sido entregados", agregó.

Foto: Foto/ Jorge Carbajal

Hizo un llamado al presidente  de El Salvador, Nayib Bukele, en el sentido de que escuche y forme una mesa de diálogo con los exveteranos de guerra. 

Por el momento la organización que preside Amaya, no está participando en las marchas que se han organizado en los últimos meses, pero a manera personal dijo que la sociedad solo tiene dos caminos para ser escuchada. "Hay que imponer la demanda, pero si las instituciones del Estado no escuchan y resuelven, hay que manifestarse en las calles.

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