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RELATO | "Los reos allí mueren a diario, no a la semana": liberado narra lo que vivió en penal de Izalco

Un exreo del penal de Izalco narra en primera persona lo que vivió en 30 días que estuvo detenido por el régimen de excepción. Omite su nombre porque teme ser recapturado.

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Víctima.  Lo que más anhelaba este hombre de 45 años era ver a su familia de nuevo, ya que tenía miedo de no salir con vida del penal.

Víctima. Lo que más anhelaba este hombre de 45 años era ver a su familia de nuevo, ya que tenía miedo de no salir con vida del penal.

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A mí me arrestaron el 10 de mayo en mi casa, según los policías por agrupaciones ilícitas, extorsión y por tener antecedentes penales, lo cual fue desestimado por un juez en la audiencia un mes después. Pero antes de eso tuve que pasar por muchos abusos, mientras estuve en prisión de forma injustificada.

Desde que iba en el microbús hacia las bartolinas comencé a sufrir esos abusos. A todos nos llevaban atados de las manos, llevaba los dedos morados y sentía que me iban a explotar. Pero eso era apenas el principio, porque el 13 de mayo empezó lo peor en el penal de Izalco, donde pasé los 30 días más horribles de mi vida.

Iba en un grupo de unas 40 personas, todos hombres civiles pero con tatuajes artísticos. Eso no les importó a los custodios, porque siempre nos trataron como si fuéramos pandilleros.

Tan pronto llegamos nos quitaron la ropa y nos pusieron a correr varias horas. Nos hacían correr con las manos en la nuca, viendo al suelo. Nos guiábamos solo con las voces de los custodios. De repente un muchacho que iba adelante de nosotros se fue para otro lado y como castigo le quebraron las costillas y todos empezamos a llorar. Lo dejaron tirado como por cuatro horas y después nos obligaron a estar parados sin movernos.

“Los reos allí mueren a diario, no a la semana ni 15 días. Allí se disparan las enfermedades de cualquier persona porque no hay atención médica. Se ven casos horribles de tortura.  Vi morir a varios reos mientras estuve en Izalco”.

Ex reo, víctima de tortura

Fue horrible la sensación que sentía en mis piernas y pies, pero no podía decir nada, ni hablar, ni ver a los custodios porque si no lo golpeaban a uno. Ese día estuvimos solo con bóxer, descalzos y no habíamos comido nada. Llegamos como a las 2:00 de la tarde y nos pasaron a las celdas hasta las 4:00 de la madrugada.

Lo peor vino después. Luego de cansarnos y estarnos humillando, los custodios nos metieron en un barril con mucho hielo porque al parecer era su método de tortura para ‘hacernos decir verdades’. Y ¿qué verdad iba a decir yo? Me preguntaron si sabía algo de ‘los bichos’, pero yo les dije que no sabía nada, que soy una persona trabajadora y que no sabía nada de ellos. Uno del grupo no sobrevivió.

Había un señor que lloraba más que nosotros porque lo agarraron con su hijo y su esposa, y afuera dejó a dos niños que no tenían quién los cuidara. Él lloraba peor que nosotros, porque al hijo de él lo metieron en el barril de hielo y ahí se murió. Él lloraba peor que nosotros allí adentro y era lógico... ver a su hijo, que lo están matando, y no poder hacer nada. Al muchacho que le quebraron las costillas murió también a la par de nosotros, como a las ocho días. Jamás lo atendieron.

Torturas. Entre lágrimas, la víctima contó cómo vio morir a varios compañeros de celda.

Los reos allí mueren a diario, no a la semana ni 15 días como dicen ellos. Nosotros pedimos ayuda y como allí se disparan las enfermedades de cualquier persona, se ven casos horribles. A un señor le dio ataques como de epilepsia. Les gritamos que llegaran a ayudar y no nos hicieron caso. Murió días después.

Una vez, cuando tenía como ocho días de estar allí, a los que estaban en la celda de la par les fueron a tirar gas lacrimógeno como a las 11:00 de la noche. Todos empezaron a llorar. Luego nos cayó a nosotros. Yo padezco del corazón y pensé que iba a morir porque no podía respirar. Todo eso es duro porque un muchacho que estaba en nuestra celda sí se murió; tenía como 34 años, pero él tenía otras enfermedades y por eso ya no aguantó.

La situación de todos los detenidos es muy lamentable adentro, pero quitando lo horrible que es la comida, que a todos nos hacía daño, lo que de verdad afecta son las enfermedades de unos que se le pegan a otros.

“Ahora que soy libre tengo ciertos traumas, tengo pesadillas donde veo la celda con mis compañeros, me despierto y sigo viendo lo mismo.
He tenido que tomar terapias para poder sobrellevar esto”.


Ex reo, víctima de tortura

La mayoría de los reos tienen diviesos y de eso se les hace gangrena, tienen hongos. Hay un montón de enfermedades allá adentro y no lo curan a uno. Hay algunos muchachos que casi no caminan, tienen hongos en los pies y aunque son secos, los pies los tiene hasta inflamados como que les van a explotar de tantos hongos que tienen.

Yo pasé más de dos semanas enfermo de calentura, fiebre y tos, y jamás me dieron nada, hasta que se me reventó el tímpano por la misma calentura. Solo así me pasaron a la clínica. Mientras estuve allí vi a otro de los enfermos que se arrastraba por el suelo con las ‘chuchas’ para atrás. Le pregunté qué le había pasado y me dijo que la noche anterior le habían inyectado algo y que ya no pudo caminar. No sé qué le hicieron, pero se miraba muy mal. Creo que jamás volverá a caminar.

Hubo otro reo al que le salía sangre por atrás, como del intestino, y ya no podía caminar. No sé qué le pasó. Hay muchos que se arrastraban pero no sabíamos qué les había pasado.

La celda donde yo estuve tenía una capacidad para 40 personas, pero habíamos más de 100. Eran camarotes y en cada espacio dormían hasta tres personas. Cuando me levanté en la mañana vi que unos estaban parados en el baño, dormidos. No conocía a ninguno de ellos pero me dio tristeza ver todos allá dentro, gente dormida parada porque ya no cabíamos en ese lugar.

Luego de unos días, después de mi audiencia, gritaron mi nombre. No sabía por qué, pero debía acudir. Todos nos emocionamos, nos despedimos y lloramos. Ellos me dijeron que denunciara todo lo que está pasando allá adentro para que los ayude alguien más.

Cuando ya me sacaban me subieron a un microbús, junto a otros que salían, y nos iban a dejar a delegaciones que estaban cerca de nuestras casas. Ahí nos soltaban. Todavía hoy, aunque esté libre, tengo pesadillas y me cuesta dormir.

El exreo teme por su seguridad y dice que aún después de salir libre tiene pesadillas.

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