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Bukele juega al demócrata a regañadientes

No cabe duda pues de que Bukele procedió con este ejercicio con poca voluntad; eso no lo vuelve menos relevante sino todo lo contrario. Hay una coyuntura y unas fuerzas que están presionando al gobierno en una dirección diferente. La coyuntura es como mínimo económica, adversa para el país y acelerada por la insulsez del bitcóin y el despilfarro del erario nacional; también incluye el frágil equilibrio de la seguridad pública, materia en la cual el presidente pasó de contar días sin asesinatos a contar soldados patrullando las calles.

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La Prensa Gráfica

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La reunión a la que el presidente de la República convocó a algunas de las organizaciones no gubernamentales que han sido críticas de su gobierno es tan significativa como el silencio que ha mantenido al respecto.

El encuentro tomó por sorpresa a las mismas organizaciones, algunos de cuyos voceros se vieron luego hasta disculpándose por haber atendido la invitación, lo cual indica qué tan polarizado está el ambiente en El Salvador, merced en gran medida a la tirantez y a la crispación cultivadas durante tres años por Bukele y su aparato de odio. Pero afortunadamente, los representantes de esas ONG, hermanadas por su discurso de defensa de los derechos humanos y necesidad de transparentar la administración pública, decidieron actuar con independencia y autonomía y aceptaron la convocatoria.

Durante la reunión, según lo mencionaron algunos miembros de las organizaciones el viernes por la noche, el mandatario habría reconocido lo peligroso de su discurso contra sectores de la sociedad civil y los derechos humanos, y se habría comprometido a dejarlo de lado. Por supuesto, los actores de la vida nacional que han sufrido los embates, la persecución y la cacería del Estado a partir de la agenda despótica de Bukele, entre ellos LA PRENSA GRÁFICA, tienen al respecto un escepticismo lógico y profundo. Es que, o el presidente ha cambiado repentinamente de agenda y sus apetitos ya no incluyen la atrofia de la democracia, o sólo cumplió con una suerte de penitencia a solicitud de un tercero, con la Embajada de los Estados Unidos de América como la posibilidad más potente.

Si el mandatario estuviese comprometido con la democracia, no sólo habría tenido más encuentros de este calado desde hace meses sino que los habría incluido como contenido de su comunicación; el tono de su discurso, la confección de su dialéctica habrían asimismo reflejado ese prurito. Pero al referirse a los centros de pensamiento, al periodismo, a la academia y a sectores profesionales, el buró de la difamación manejado desde Casa Presidencial no ha admitido diferencias entre ellos y sus adversarios políticos. Conceptualmente, lo mismo han valido las ONG defensoras de derechos humanos que los pandilleros o la partidocracia: todos son enemigos del régimen, todos son parte de "los mismos de siempre".

Y de la sociedad civil, palabras más palabras menos, el jefe del Ejecutivo prometió encargarse de ella en tanto "aparato ideológico" del viejo orden, y lo hizo justo el 1 de mayo, otra de las fechas infames de este quinquenio.

No cabe duda pues de que Bukele procedió con este ejercicio con poca voluntad; eso no lo vuelve menos relevante sino todo lo contrario. Hay una coyuntura y unas fuerzas que están presionando al gobierno en una dirección diferente. La coyuntura es como mínimo económica, adversa para el país y acelerada por la insulsez del bitcóin y el despilfarro del erario nacional; también incluye el frágil equilibrio de la seguridad pública, materia en la cual el presidente pasó de contar días sin asesinatos a contar soldados patrullando las calles.

¿Qué fuerzas pueden estar empujando contra la corriente que Bukele pretendía? Obviamente, los Estados Unidos de América. El resto de la diplomacia internacional es observadora de la situación, China incluida, que aquello de la nueva potencia dispuesta a todo por El Salvador era un cuento desvelado. Y en lo doméstico, no hay todavía un bloque que haga contrapeso efectivo al gobierno. Sin embargo, el espacio destinado a instituciones y actores que creen que el orden democrático debe ser recuperado y que la rendición de cuentas del manejo de la pandemia no debe esperar más está cada vez más lleno, sin convocatorias a regañadientes ni planteamientos hipócritas.

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