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El momento es ahora: ¡toma la iniciativa!

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Birgit Gerstenberg - Coordinadora Residente de las Naciones Unidas / Andreu Bassols - Embajador de la Unión Europea

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El 25 de noviembre, Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres, es momento para reiterar que la violencia contra las niñas y mujeres es inaceptable desde todos los puntos de vista, desde la vigencia de los derechos humanos, las normas de convivencia social y el modelo de Estado adoptado por nuestras Constituciones. Al disminuir el potencial pleno de las mujeres por la violencia, también se limita seriamente el progreso de la sociedad y se obstaculiza el logro de los Objetivos del Desarrollo Sostenible como horizonte para una vida digna en todo el mundo.

A pesar de múltiples avances y esfuerzos, la magnitud del problema sigue siendo alarmante. Las mujeres son víctimas de violencia de varios tipos y en distintos lugares: sus casas, sus trabajos, las escuelas y universidades, la calle, en las situaciones de desplazamiento y migración, y cada vez más en internet, a través de la ciberviolencia y la incitación al odio. En El Salvador el 63% de las mujeres expresan que han vivido al menos una agresión sexual a lo largo de su vida.

El 2020 agregó a nivel mundial otra dimensión: entre los efectos de la emergencia por la pandemia de COVID-19 la violencia contra las mujeres y las niñas ocupó un lugar alarmantemente alto debido al aislamiento domiciliario que dejó a muchas literalmente atrapadas, obligadas a convivir con sus agresores sin acceso a servicios de atención y protección, ni a redes de apoyo.

Las estadísticas deben ser conocidas ampliamente. Son demasiadas las vidas que se cortaron o cuyo rumbo sufrió cambios inesperados, que no solo afectaron a las víctimas sino también a sus familias, comunidades y a todo el país, por el potencial desperdiciado, el costo social y económico, y las tragedias que dominan diariamente las noticias.

En los primeros meses de la cuarentena 37 mujeres fueron asesinadas en El Salvador: Silvia, María Antonia, Edith, Lucía, Francisca de los Ángeles, son algunas víctimas cuyos nombres nos recuerdan, de manera dolorosa, que la violencia extrema todavía termina la vida de demasiadas mujeres.

De enero a octubre de 2020 se han reportado en el país 106 muertes violentas de mujeres, jóvenes, adolescentes y niñas, así como 1,846 casos de violencia sexual, de los cuales el 70% son contra niñas y adolescentes. Las cifras de embarazos a temprana edad durante el primer semestre del año subieron a 258 niñas entre 10 y 14 años, producto de una violación o estupro, también afectaron a 6,581 niñas y adolescentes entre 15 y 19 años.

No podemos cerrar los ojos ante el hecho que muchas veces las cifras ya no llaman la atención porque muchas personas se han acostumbrado a estas. Pero dejan en evidencia que la sociedad salvadoreña tiene un desafío enorme para cambiar esta realidad y que no podemos mirar para el lado, debemos comprometernos a actuar en nombre de nuestra humanidad.

Comprometerse firmemente a prevenir, rechazar y condenar todos estos actos de violencia es una responsabilidad colectiva, que incluye a la comunidad internacional. Por ello, la Unión Europea y las Naciones Unidas han puesto al centro el combate a la violencia contra las mujeres y las niñas, como parte de una alianza global, con la implementación de la "Iniciativa Spotlight".

Desde el año pasado, Spotlight apoya en El Salvador acciones para aportar información sustantiva sobre violencia sexual, física y otros delitos tipificados en la Ley especial para una vida libre de violencia: esto es esencial para orientar las políticas públicas y reforzar los sistemas de atención y de prevención. También realiza acciones para garantizar los derechos humanos, mejorar la legislación y las políticas públicas para asegurar una vida libre de violencia para las mujeres y las niñas. Lograrlo requiere un entorno seguro para denunciar, que implica fortalecer los servicios de salud, protección social, justicia y seguridad pública en todo el territorio.

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