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Jornada cívica y en paz, un mensaje para el oficialismo

No es una simplificación, sino la síntesis de lo que un influyente sector de la nación ha resentido de la administración pública desde el inicio de la pandemia, con un énfasis especial luego del 1 de mayo: que el oficialismo actúa sin atender al concierto de la sociedad civil, a la academia, a las iglesias, al empresariado y a los movimientos sociales. Se entiende que no son pocas personas y que tampoco son un fragmento del tejido nacional; no era necesaria la movilización de ayer para entenderlo así como tampoco era necesario que el presidente cada vez que puede se refiera a las corrientes de pensamiento disidente, crítico u opositor como a que representan "a apenas el 3 por ciento". Las marchas de ayer sí fueron necesarias para ilustrar lo equivocado que están quienes se creen esa correlación o ese nivel de aprobación para el gobierno.

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Miles de ciudadanos participaron ayer en una manifestación para solicitar al gobierno que cambie de dirección respecto de algunas de sus últimas medidas, desde la aprobación del bitcóin como moneda de curso legal hasta la jubilación de cientos de jueces atendiendo a criterios que no son técnicos. Hubo muchas consignas sobre otros temas, pero el denominador común en el discurso de los participantes es que quieren que se les escuche y que su opinión sea tomada en cuenta.

No es una simplificación, sino la síntesis de lo que un influyente sector de la nación ha resentido de la administración pública desde el inicio de la pandemia, con un énfasis especial luego del 1 de mayo: que el oficialismo actúa sin atender al concierto de la sociedad civil, a la academia, a las iglesias, al empresariado y a los movimientos sociales. Ahí estaba un poco de todos ellos y una buena representación de la clase trabajadora expresando su descontento; todos los presentes perdieron el miedo a manifestarse y su convicción cívica fue superior al temor a contagiarse.

Se entiende que no son pocas personas y que tampoco son un fragmento del tejido nacional; no era necesaria la movilización de ayer para entenderlo así como tampoco era necesario que el presidente cada vez que puede se refiera a las corrientes de pensamiento disidente, crítico u opositor como a que representan "a apenas el 3 por ciento". Las marchas de ayer sí fueron necesarias para ilustrar lo equivocado que están quienes se creen esa correlación o ese nivel de aprobación para el gobierno.

La marcha no fue una reivindicación partidaria; los partidos que languidecen en sus últimos días luego de haber sido gobierno por una década o el doble perdieron legitimidad, poder de convocatoria y representatividad. Ayer, voceros y representantes de esas fuerzas se veían alrededor de la actividad pero ninguno puede arrogarse ni el protagonismo ni la iniciativa. Esa ha sido otra de las novedades de este 15 de septiembre: en el Bicentenario, lo importante no fue la agenda oficial ni los protocolos de costumbre sino el interés de muchos ciudadanos por hacerse notar exigiendo un espacio en la discusión pública.

Ojalá que el gobierno pueda leer en esos signos, aunque en sus genes el oficialismo no tiene capacidad de comprensión más que en clave de sirvientes o enemigos. Desde sus evangelistas y empleados, intentó descalificar las marchas desde hace varios días y continuó ayer; curiosamente, tampoco fue enfático en ese esfuerzo, como si incluso en el cuarto de máquinas de la propaganda tuvieran dudas. En efecto, no les resultó, ni siquiera pese a la infiltración de ciertos grupos violentos en la actividad; la Fiscalía General de la República debe actuar de oficio en la identificación de esas personas que dañaron propiedad privada y del Estado.

En resumen, fue una jornada especial por varias razones: una muestra de civismo de parte de los ciudadanos, que se expresaron pacíficamente pese a las provocaciones; fue un mensaje poderoso para los funcionarios que pretenden rediseñar la arquitectura constitucional y asocian algunas peligrosas reducciones a la popularidad del presidente como si fuera unánime; y fue un reconfortante mensaje para las personas e instituciones que han librado durante el último año una batalla en solitario a favor de la democracia y contra los rasgos autoritarios de Bukele. No estaban tan solos. No lo están. No lo estarán.

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